¿Dónde está el problema, entonces? Mi experiencia, tanto en lo profesional como en lo personal, me revela que el quid de la cuestión está en el desarrollo de miedos a situaciones, circunstancias o eventos que no deberían generar miedo. Para mí es especialmente llamativo comprobar, cada vez en más personas, el miedo a la intimidad emocional, a los sentimientos arraigados y profundos, a la confianza, al compromiso. Y me sorprende que, además, sufran profundamente por ello (lo expresen y reconozcan o no). Y este miedo no entiende de géneros ni de edades, aunque hace un tiempo parecía más propio de los hombres alrededor la treintena. Tristemente, hombres y mujeres, adolescentes, niñas y niños se pueden ver invadidos por este miedo que los obliga a vivir solos y aislados, ansiando abrirse y aterrados y aterradas de hacerlo.
En realidad, es muy parecido a vivir en una urna de cristal, viendo al otro lado lo que más se desea, pero sin atreverse a cogerlo. Y digo una urna de cristal porque la barrera es frágil, y podría ser rota con mucha facilidad por la persona, y podría abrazar el sentimiento, el objeto de su deseo, sin ningún impedimento realmente grande. ¿Por qué no lo hace, por qué no lo hacemos, entonces? Imaginemos por un momento que, desde que nacimos, las personas a las que más queremos, las que garantizan nuestra supervivencia afectiva y física, nos hubieran dicho que la luz del sol es mala. Imaginemos que, aunque jamás nos lo hubieran dicho con palabras, nunca hubieran salido de casa durante el día, nunca hubieran permitido que la luz se filtrara por las ventanas, que se hubieran mostrado angustiadas, asustadas o rabiosas si hubiéramos intentado asomar la punta de la nariz y sentir un resquicio de luz. ¿Qué habría pasado con nosotros y nosotras? ¿Qué habríamos aprendido? Por una parte, con el paso de los años, nuestros ojos y nuestra piel serían tan sensibles a la luz que en un principio nos cegaría y nos abrasaría la piel. Las sensaciones serían muy intensas, y probablemente dolorosas con el paso de los años. Además, habríamos aprendido y asimilado como algo natural vivir en la noche, no salir al sol, y nos daría miedo pensar siquiera en hacerlo. Sin embargo, habría historias de \»aquellos y aquellas que salieron a la luz\», u oiremos risas y sonidos de juegos fuera durante las horas del día. Habrá quien entonces se pregunte por la luz, por cómo sería sentirla, por cómo sobreviven quienes están \»allí\»…y se asomará. Y entonces, superada la ceguera inicial, una vez que sus ojos se vayan acostumbrando y su piel lo soporte, podrá mirar y ver lo que hay allí. Y se asombrará, y lo deseará, porque los seres humanos estamos hechos para buscar y desear la seguridad, el reconocimiento y el afecto en la relación con los otros. Y entonces \»lo oscuro\» le parecerá insuficiente, gris, privado de colores, un mundo dominado por el miedo, por la rabia, por la incertidumbre. ¿Y qué hará entonces?…
(Continuará…. en el post siguiente. No te lo pierdas!)
Os sigo!!un saludo
Gracias anuski y bienvenida!!
Estimada y querida amiga;Sabes que me encanta lo que haces, y este post en concreto, me ha dado en la diana de la situación emocional por la que estoy pasando.No me estigmatiza decir que sufro, y los motivos por los que lo hago, en mi caso está siendo ese miedo a afrontar una relación emocional, o enfrentarme a la inseguridad del otro.En este caso es miedo, sí mucho miedo a la inseguridad del otro, más incluso que a la mia misma…En esta situación de agonía, este nuevo experimento del dolor, no espero ahogarme, sino aprender una vez más en este master que es la vida, donde siempre seré una aprendiz.Para nacer he nacido, esa frase de Neruda yo la ampliaría, a para vivir he nacido y lo haré muriendo cada ´noche con la esperanza de resucitar cada mañana…
Querida amiga que gustazo tu visita y más tus palabras que dichas desde ti suenan a poesía, aunque teñidas de dolor y tristezas… y por ello siento tu pena. Pero como en muchos otros momentos, de este también sabrás salir y seguir adelante.El amor ¿cuánto da para hablar? Con sus dos caras, la que nos otorga seguridad cuando es un amor limpio, sincero, respetuoso y, sobre todo, correspondido. Y la otra cara, la que nos llena de inseguridades. ¿Cuánto de esa inseguridad es propia y cuánto es por causa del otro/a? ¡Que bien lo has dicho! ¡Que sano es poder verlo – darse cuenta!El dolor y la tristeza nos enseñan más de la vida que las alegrías. La única actitud que nos queda frente a esto es aprender de esa vivencia, pero que te voy a decir yo, si tú ya estás en ello. Un fuerte abrazo!!
Gracias por compartir vuestras experiencias, y por seguirnos. Acerca de la inseguridad, solamente apuntar algo: muchas veces somos nosotr@s mism@s quienes buscamos y nos relacionamos (de forma no consciente, pero real) con personas que nos hacen sentir insegur@s…y suele ser porque eso es un espejo de nuestra propia inseguridad. Prometo escribir un post al respecto.Un abrazo grande.